Ensanchamiento


Ahora me mido
y me descubro implosionando.

Sueños de grandeza para un alma tan enjuta.

A estirar mis pulmones me dedico,
rediseñar mis cabidades,
superevolucionar y ensancharme como Hulk
para dar cabida a mis sueños.

Fotografía Noell Osvald

Tus Ojos


Existo porque existen tus ojos.
No valen espejos ni lagos mágicos de aguas quietas.

Mi reflejo es lo que soy,
con tu luz y con tus lágrimas.
Y respiro en función de tu parpadeo.

Existo porque existen tus ojos.

Fotografía Brett Walker

Te Diré Algo





Te diré algo:
odio esos zapatos,
de verdad, no entiendo que existan,
joder, pero en ti resultan tan jodidamente atractivos.

Que estupidez marcarse pautas.
Cuando tu alma me aborda me desentiendo de mis propios gustos.

Hastío



Empezaré ya a echarte de menos;
porque me alejo, no porque te alejes.

Porque me acobardo al pensar
que puedo hacerte, hacernos, hacerme daño,
más daño.

Miento, en realidad me hastía
que no estés dispuesta al dolor.
Me hastía lo muerto.

Fotografía Antonio Mora

Desgráname



Desgráname,
¿qué si no?
Busca mis puntos débiles
y bésame esas llagas.
Desgráname el alma, por favor.

Fotografía Thibault Delhom

Felicidad



Será que me preparo para ser invencible,
una esquizofrénica crisálida
que forja su estructura de amianto dúctil.

Eso quiero creer,
que etiqueto cada cuartucho, zulo y sótano de mi estancia donde,
ya lo dije, convivo con mi destructor de mundos.
Si lo tengo delimitado, si lo aprendo de memoria,
lo desvarío y lo ignoro podré salvar la vida,
podré salvaguardar la felicidad.

Fotografía Ladfree

Rendición



Me rindo, y te advierto que no es fácil.
No buscaré más soluciones perennes.
Te reconozco como una segunda piel
y te amaré como el aguardiente que desgarra las entrañas.
La absolución a la ironía
y bombardeo perverso a mis huesos
pasa por convivir contigo conmigo de por vida.
Mantenernos a raya los dos,
tú con tus apetitos autodestructivos
y yo con mi embelesamiento
a tus discursos sobre el fin del mundo.
Medir cada milímetro de esa raya
y calcular los alimentos, el sudor
y las oraciones de autoayuda.
Puede ser que ahí resida nuestra supervivencia.
La perpetuidad de una sublime mediocridad,
demasiado sabio para no levantar la mirada del suelo,
demasiado sabio para no mirarte por encima del hombro.
Dejarnos llevar ciegamente por el sinsentido,
pero riendo ¡qué demonios!
Si no damos más que para medias tintas,
pues seamos gentiles con nuestros talentos.
Qué fácil decirlo, ¿verdad?
Por eso te escribo, te plasmo para tenerte bien calado.
Para en los funerales reconocer tu voz,
y no creerte ni una palabra y pasar el mal trago lo antes posible.
Y no tomarnos, a ninguno de los dos, muy en serio.
Ya ves, mi rendición es más bien un tratado,
el pacto de no ensuciar nuestro aljibe común..

Fotografía Anelia Loubser

Ya Casi



Qué ganas de volver a desvirgar el amor,
y qué ganas de explotar.

Hace tiempo que no nos vemos las caras contorsionadas,
pero aunque no te siga
te sueño mil veces y de mil maneras.

Ya casi nena, ya casi.

Fotografía Lisa Yuskavage 

Búscame


Búscame en la trayectoria bipolar.
En las rendijas del aplomo.

Salgo y entro como las caras de una moneda intergaláctica.
Voy de agrietar el asfalto a cada paso
a no tocar el suelo y vivir en los cirros.

Búscame, eso sí, quizás aligerando las alforjas.
Nueva política de guerra: elegir las batallas.
La estrategia de dar la importancia a lo importante,
la ligereza de no darla y menoscabar
lo que carece de profundidad.

Búscame, te lo pido, como un planeador espacial,
como un astronauta perdido en su propia búsqueda,
volando alto, altísimo, pero con los pies de plomo a dieta.

Búscame en la búsqueda,
si lo haces,
entonces,
ya seremos dos.

Fotografía Phillip Schumacher

Obviedad


Interpreté señales traslúcidas como mías
y quizás no fueran más que obviedades escondidas.

Lo mismo intento dirigir buques de gran tonelaje
con motores de ventiladores.
Quizás valga más la pena reducir carga
y sustituir combustible orgánico
por RedBulls importados de Kripton.

Si esa fuera mi esperanza…

Dejar por fin el eterno noviembre
y reconocer perennemente el septiembre cálido,
las tardes de sol en la playa
y las olas juguetonas calentando la alegría.
Vivo ahora en ese objetivo:
encontrar la reducción perfecta
y la expansión por fin.
No negar los pros, reírse de los contras.
Qué anhelo tan obvio y receloso.

Fotografía Jacob Sutton

Albergar Supernovas



Fue pura malversación de sentimientos.
Yo no los guiso sino que me los como crudos.

La simplicidad de la rotundidad.

Así fue y es mi amor catódico:
manipulador, impasivo y perverso.
Así también amo.

¡Pero qué coño!
Así también me mantengo alerta, flexible
y productivo en mis boom de destrucción masiva
que llevo como latidos.
Me conmueve semejante onda expansiva;
yo en el vórtice
regenerándome constantemente
como un superhéroe
cuyo poder es albergar supernovas
entre la columna y las costillas.

Fotografía Desconido

Resucilio


Por ahí voy en órbita amplia
y apurando la curva de esta elipse chata.
Planeando por el espacio desértico solo y en silencio apenas.
Reorientando el rumbo y optimizando los recursos.

Ya volveré, no me preocupa,
ya volveré fantástico.

Esta purga invita siempre a ceder lastre,
observar detenidamente
y ver mil veces más la puerta de Tannhäuser.
Resucitar de la gravedad y su furia
me hace más fuerte y liviano.
Reconcilio mi muerte con mi vida.

Furia de Gravedad



Vencer la vida me convierte en un especialista de optimismo.

Pues ella parece recelar siempre.
Ella,
mi esposa tenebrosa,
la erosión, mi amada depresión.
Cómo compatibilizar mi vida con la vida si llevo esa marca ahí.
No es la muerte, no.
Es la no vida.
A veces resulta tan complejo bombear sangre.

Bien sé que la mantengo a raya.
Mas no siempre.
A veces se muestra más fuerte o yo más débil.
Casi siempre lo segundo.
Y entonces vuelve a apoderarse de mí,
y me llena de un inmenso vacío
que odio y que ansío más al mismo tiempo.
Soy un agujero negro. Me trago la luz.

Debí haberlo intuido hace años.
Esta es una órbita que se vive en la más absoluta soledad.
Soy yo contra esos titanes minúsculos
que están siempre al acecho arriba, dentro de mi frente.
Quién comparte eternamente mi handicap.
Mi gente me acabaría repudiando.
Pues quién comprende esta idea de materia negra.
No, no puedo compartir con ellos mi carga etérea.
No conocen el lenguaje.

Y luego está ella.
Mi extraterrestre preferida.
Mi extraterrestre pervertida
-a la que a partir de ahora denominaré de ese modo-.
Y ella comprende y respeta y guarda silencio.
Eso ya lo aprendió con los años y los embistes.
Y lo hace bien.
Y no me dice.
No me anima, eso me desanimaría.
Sólo espera.
Y yo la odio en esos momentos porque lo hace bien,
como único puede hacer.
Pero es testigo de mi deformidad.
Es testigo presencial, partícipe y espejo.
Ya sé que lleva grabada en su retina,
en su paciencia
y lo que es peor,
es sus buenos momentos
la furia de mi gravedad
y ahí sigue,
amándome.
Parece ser forjada de amor mi extraterrestre.
Pero no puedo, a veces,
dejar de pensar que conoce lo que me odio.

Fotografía Angelo Musco

Sobrevivir


Cómo se me derriten las entrañas.
Se me desvencijan las ideas
y pienso en más bien no volver a pensar.
Qué más da todo esto.
Busco mis argumentos para sobrevivir
y yo mismo los desguazo.
Qué será este harakiri constante.

Soy ese loco que golpea incesantemente
su cabeza contra la pared
pensando que ese es el remedio a la migraña.
Y me duele la vida.

Porqué no me funcionan los mejunjes de la fe,
el tabaco, las putas y el dinero.
Porqué no me conformo.
Soy un león que arranca barrotes
y con miedo a los espacios abiertos.

Trato de ignorarme,
pero difícil dejar de mirar el arma
que me apunto entre ceja y ceja;
la apunto de dentro a afuera.
Nadie más me apunta,
quizás por eso me siento solo.

Fotografía Yutha Yamanaka

Sentir a Medias


¿De qué sirve sentir a medias?
Ratificarse en un universo
de palabras asentadas perpétuamente
en la punta de la lengua.
Ocultar el resplandor
que intenta escapar a través de la laringe.

Repito, ¿qué hacemos los intensos?

Deletrear jugosamente cada te amo.
Abrazar tu cuello en cada corrida.
Tensar los glúteos para buscarte más adentro.
Redescubrir la física cuántica
en el juego de tus dedos.
Rendirme victorioso a lo que siento.
¿Porqué no ladrar furiosamente cada amor?

Fotografía 非 (Hi)

Ridículo


Más vale que aprenda a amar este odio.
Vaivén a estas alturas, qué ridículo;
qué advertencia de que aún existe vida indígena.

Y tú, princesa extraterrestre,
me tambaleas, me encanta, qué ridículo;
me bamboleas, qué ridículo, me encanta;
me matas, qué encanto, gracias.

Fotografía Beijing Ren Hang

Un Solo Tiempo


Resurge y me embalo.
Te devoro a te quieros,
caigo y me descalabro.

No hay sentido que tenga la más mínima importancia.

Me envalentono y muevo ficha:
un poema que nos dé la bienvenida.
Éste es el mundo más real,
el del presente más implacable,
el aniquilador de futuros,
el prestidigitador de los recuerdos como lecciones.
Tan sólo la razón desvanece este sortilegio.
Sólo ella nos regala el miedo,
el dolor como algo malo, y por tanto,
la desmotivación de todo.

¿Sería yo capaz de vivir así?,
¿al doscientos por cien?
¿Dar el salto y permanecer en el aire?
Ese, sin duda, es el milagro,
levitar día tras día,
encandilar al sol con mis te quieros.

Fotografía  Seung-Hwan Oh

Verte


Tengo ganas de verte,
o lo que es lo mismo:
me muero por verte.
Palabras que debo esconder
para no ser tildado de intenso.
Y al menos mendigar decir lo primero
en lugar de lo segundo.

Soy un adicto a desnudar mi alma así,
públicamente de tú a tú, lo admito.
Y eso me acarrea dobles y triples vidas,
cada una con sus pesos y medidas.

Sólo me gana ella
- en lo de desnudar el alma, digo,
no en esconderse, ella no se esconde-.
Las otras ellas no se desvisten a mis oídos tan fácilmente,
a veces, están yermas de desnudos.

Pero yo quisiera que todos fueran así.
Te quiero, ¡pum! te lo digo de mil formas.
No te quiero, ¡pum! te lo digo de muy pocas formas,
no vale la pena regodearse.

Pero ni lo uno ni lo otro.
Uno porque no nos hagan daño.
Otro porque no queremos hacer daño.
Y así andamos,
minimizando nuestros corazones,
cortando de armónicos nuestras voces,
muteando nuestros susurros. Qué desastre.

¡¿Y qué hacemos los intensos?!
Los exhibicionistas del corazón,
los embusteros del mañana,
los extremistas del presente.

Me muero por verte, nena,
me muero por verte.

Fotografía Jeju Loveland

Encontrarte Estaba Escrito


Encontrarte estaba escrito.
Paseaba por París
pero no escuchaba a Damian sino a Drexler.
Y mientras Fuera lo que Fuese (Sea)
respiré profundo y nítido
y me infringí un dolor.
Y tú, que me encontraste antes que yo,
me agarrabas mientras tiritaba.

Ahora vuelvo, volvemos de tiempo en tiempo a pasear por allí,
a nuestro Macondo de Miserables para buscar la Rue Mouffetard
y escuchar ahora al Residente y Visitante y a Monsieur Periné
y el maldito despertador de Jane Monheit.

Cada mañana respiro profundo y nítido a través de tu pelo.

Fotografía Helmut Newton

Bondage


Mi naturaleza es el bondage de corazones,
el que se divierte caminando al filo del abismo,
el que llora con cada punzada, cada beso que no alcanza a dar.

Sufro, y vuelvo a sufrir,
es mi puerta de atrás para no sentirme un puto zombi.
Por eso respeto este bondage,
y cada latigazo es un chute más de vida.
Soy un adicto a sentir.
¡Joder!, tu complicidad es mi metanfetamina.
Siempre estoy queriendo construir sectas biplazas
donde envenenarnos el uno del otro.
Y te tengo, y me haces feliz,
y a veces reniego de esa felicidad,
porque soy un puto adicto
a las quemaduras en mi piel
por el roce de otros pechos
-qué sensación cuando te rozan a ti-.

Me declaro perverso en las distancias largas,
cuando todo me juega en contra
y los nudos no los hago yo.
Cuando paso el tiempo acariciando mis venas
con el filo del cuchillo
que uso para hacerte reír de dolor.
Esa es mi naturaleza,
provocarme orgasmos de cariño y empujones.
Sentir, ¡joder!, sentir al fin y al cabo cualquier cosa
como si fuese la primera vez.

Fotografía Larry Clrark

Forma


Me gusta tu culo
y la manera de moverse con cada impacto.
Me gustan tus clavículas
y los huecos que forman a cada lado
como si pretendieran ser agarraderas.
Me gusta tu esternón
y la simbiosis que forma con mi oreja.
Me gustan vuestros labios
y tu incapacidad de cerrarlos
y tu capacidad de cerrar los suyos.
Me gusta el rol.
Me gusta rodar por ahí como un caracol,
mi lengua por la estepa de tu vello erizado.
Me gustas a lo Manu Chao, tú.

Fotografía Nobuyoshi Araki