Todo el dolor


Todo el dolor,
todo el amor desterrado,
todo el estrés que prensa los músculos y retuerce los órganos.

Todo ese abono debe dar fruto,
una buena uva que alimente
el "vinocuentahistorias".

Todo lo que hablé
para ahora guardar cautela.
Todo lo que elegí
para ahora elegir no elegir.
Todo error que me atormentó
para ahora tomar nota.

Torpe,
falto de más entrenamiento,
reconocer la victoria
entre los amasijos de hematomas
y cilicios justificativos.
Qué placer compadecerme, qué ego, dolor inflexible como sargento de hierro.
Como digo, esa es la torpeza.

Cazar nubes y dejarlas ir es un acto de simplicidad.

Golpear mil veces la roca
hasta averiguar dónde soplar para partirla en dos.
Encontrarle el clítoris a la vida.
Vivir de orgasmo en orgasmo.
Si es así, que lluevan los dolores los días impares,
que proliferen los puntos ges
y el amor sea masoquista,
que brille como ojos manga con cada latigazo.

Fotografía Ray Collins

Mioquimias


De vez en cuando
mi corazón sustituye los latidos
por mioquimias cansadas.

Qué absurdo
tener que alcanzar la felicidad
de la que estamos hechos.

Fotografía Meaghan Ogilvie

Todas la Verdades




Todas las señales,
todas las pestañas, las olas,
todas las verdades,
todos lo cuadros sin marco,
los píxeles vibrantes de un retrato encuadrado.
Todos los logotipos directos,
todos los besos contundentes,
el amasijo de un abrazo
como una superserie de gimnasio,
el rutilante desfile
de una mirada desafiante enamorada.
Todos los pálpitos,
todo el yoga acumulado,
todos los whatsapps bien interpretados.
Toda la verdad, la realidad elegida.

Fotografía Ali Saremi

Testimonio de razón


El testimonio se rompe
inexorable
a cada paso de la locuacidad
y del sinsentido de tener la razón
inexorablemente.

Mi voz se abre camino
y no la reconozco.
Cuanto más lucho, más aprieta,
y más titán me vuelvo si no me pierdo.

Soy un búfalo con la mirada fija.

Me muevo sólo para justificar mi jugada.
Y rendirme al final
sabiendo que gane o pierda
siempre pierdo
inexorablemente.

Fotografía Ben Zank

Humedad


Noto la humedad desvaneciéndose.
Lo que ayer fueron diluvios de emoción
abre paso a una suerte de desiertos verdes.

No digo arena ni muerte seca.

Pero es un hecho que los tallos,
a día de hoy,
son un poco más huesudos.
Ya no alzan soles pavorosamente brillantes;
astros palpitantes y erráticos que con tocarlos
nos infectan de la felicidad llena de errores y genialidades.
La felicidad del miedo,
del salto
y la de sentirse dolorosamente pleno.

Quisiera abstenerme, al menos tímidamente,
de ese verde petrificante
y vivir atento a descubrimientos de nuevos orbes cegadores.

De nuevo,
notar en ensambles cotidianos con amigos cotidianamente nuevos,
las pupilas dilatadas y dejando escapar luces brillantes
al darnos coba con nuevas canciones,
nuevas poesías que forjen nuestra manera de mirar,
esculturas que nos enseñen nuevas perspectivas de los olores.

Hecho de menos el feedback tajante
de descubrir un astronauta de estrellas
y venerarlo como si nos conociera mejor que nosotros mismos.

Todo eso en una humedad desfibrilante,
conectora de pavorosos brillantes.
Para nosotros que no estamos hecho
para el verde desierto de la felicidad buena,
tierna
y cotiana.

Queremos seguir albergando supernovas.
Aunque quemen nuestras cavidades.

Fotografía Nick Turpin